No vamos a negar la validez y la importancia de las redes sociales, en cualquiera de sus plataformas, para la comunicación empresarial. Hay que estar en las redes. Pero no todo es estar en ellas. Hoy, acertar en el mix adecuado con otras herramientas de comunicación es mucho más efectivo que un buen reel, por importante que sea. Se estima que un usuario medio en redes sociales recibe más de 6.000 impactos publicitarios diarios. Sin duda, esto hace que la información que pueda resultarle relevante o de interés tenga muchas posibilidades de pasar desapercibida. Además, la banalización de las redes y de sus contenidos, el abuso de las fake news y la introducción sin control de la IA han hecho que la credibilidad de estas plataformas haya mermado.
La comunicación empresarial es mucho más que la promoción de un producto. Es la generación de una imagen y el reconocimiento social de nuestra identidad, de nuestros valores y, sobre todo, de la reputación y el prestigio que transmitimos al exterior. Un buen producto, respaldado por una marca de confianza, multiplica las posibilidades de lograr mejores resultados en el mercado.
Y el prestigio viene dado por una acertada presencia en los medios de comunicación. Esto supone activar la Dirección de Comunicación, ese departamento capaz de articular todas las posibilidades comunicativas para crear una identidad propia, tanto ante el mercado en el que operamos como ante la sociedad. El gabinete de prensa es esencial, siempre y cuando entienda los modos, usos y sistemas de trabajo de la prensa y de los medios audiovisuales. La conexión con ellos permite trasladar con mayor eficacia quién es la empresa, qué pretende, qué ofrece y cómo se comporta en sus relaciones con el resto de los agentes sociales. No se trata de crear una imagen ni de fabricar un “relato”; se trata de exponer a la sociedad la imagen real de lo que somos y de contar ese “relato” fidedigno que se escribe día a día con el trabajo y el cumplimiento de los objetivos empresariales. La sinceridad y el compromiso con la verdad ante los públicos, cuando se comunican bien, son lo que nos hace crecer en valor ante la sociedad.
¿Y si comunicar bien no fuera solo cuestión de vender más?
Para ello, debemos trabajar la imagen de la empresa, pero también el valor de sus miembros: directivos, responsables, accionistas, trabajadores, clientes y consumidores. La comunicación holística piensa en el conjunto, no en compartimentos estancos; apoya la visión de que no todo es vender, sino vender bien: primero convenciendo y luego fidelizando. Y, cuando ni se vende ni se compra, es importante que el reflejo social ante los agentes que no interactúan sea positivo, que la marca no genere rechazo y que emita respeto y confianza. Un ejercicio en el que las redes sociales tienen su papel, pero no todos los papeles pueden suplirse únicamente con estar en ellas.

















